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El boom de rascacielos en México

El boom de rascacielos en México

El D.F. se está volviendo vertical. Desde hace algunos años se han anunciado una serie de megaproyectos, de torres altísimas que surcarán los cielos de Reforma, Chapultepec y hasta Churubusco.

La altura genérica. El boom de rascacielos en México

Augusto H. Álvarez, Kuala Lumpur, Mytykah, Torre Cuarzo, Torre Latinoamericana, Más...

Con nombres que oscilan entre lo mineral y la falta ortográfica Mytykah, Torre Cuarzo, etc., los constructores compiten descarnadamente por colgar a su obra el título del rascacielos más alto de América Latina. Detrás de bardas con publicidad, cimentadas en excavaciones profundas, se erigen esqueletos de acero que prefiguran una ciudad cada vez más alta.

En el principio, el humano levantaba piedras. Luego vino el arco y el obelisco; le siguieron las torres. Nueva York en el siglo XX fue el gran laboratorio de la altura, el lugar donde se experimentó con las construcciones que cohabitaban con las nubes; ahí, el rascacielos se convirtió en sinónimo de modernidad, de desarrollo urbano y económico. Los centros de las ciudades de Estados Unidos se poblaron de rascacielos, cada uno más alto que el anterior.

En ellos, el skyline  el panorama– se convirtió en imagen de postal; además de ser testigos del crecimiento económico, las torres se volvieron el rostro más reconocible de ciudades de otro modo genéricas como Seattle, Cleveland, Portland o Denver. Las megalópolis del mundo en desarrollo copiaron el modelo: en los años noventa, las grandes construcciones se trasladaron a Oriente. Con la inauguración de las Torres Petronas en Kuala Lumpur, que en 1992 se convirtieron en las más altas del planeta, la fiebre de los rascacielos dejó de ser competencia americana y se convirtió, de pronto, en pandemia asiática hoy, de los diez edificios más altos del planeta, nueve están en Asia.

En el caso mexicano, la historia de los rascacielos que persiguen la comunicación de ideales comerciales comienza en 1956 con la inauguración de la Torre Latinoamericana, propiedad de la empresa La Latinoamericana, Seguros de Vida, S.A. Sus dueños entendían al edificio como un símbolo reconocible y asociado a su empresa. Se trató de hacer un edificio que después pudiera repetir en unas maquetitas para hacer ceniceros, comentó al respecto el arquitecto Augusto H. Álvarez. Luego de esa torre de 43 niveles y 182 metros de altura, una serie de rascacielos Torre Insignia 1962, Hotel de México 1972, Torre de Pemex 1982 darían continuidad a un programa constructivo cuyo objetivo primordial sería la concentración: de espacio, de poder o de dinero.

El D.F. se está volviendo vertical. Desde hace algunos años se han anunciado una serie de megaproyectos, de torres altísimas que surcarán los cielos de Reforma, Chapultepec y hasta Churubusco.

La altura genérica. El boom de rascacielos en México

Augusto H. Álvarez, Kuala Lumpur, Mytykah, Torre Cuarzo, Torre Latinoamericana, Más...

Con nombres que oscilan entre lo mineral y la falta ortográfica Mytykah, Torre Cuarzo, etc., los constructores compiten descarnadamente por colgar a su obra el título del rascacielos más alto de América Latina. Detrás de bardas con publicidad, cimentadas en excavaciones profundas, se erigen esqueletos de acero que prefiguran una ciudad cada vez más alta.

En el principio, el humano levantaba piedras. Luego vino el arco y el obelisco; le siguieron las torres. Nueva York en el siglo XX fue el gran laboratorio de la altura, el lugar donde se experimentó con las construcciones que cohabitaban con las nubes; ahí, el rascacielos se convirtió en sinónimo de modernidad, de desarrollo urbano y económico. Los centros de las ciudades de Estados Unidos se poblaron de rascacielos, cada uno más alto que el anterior.

En ellos, el skyline  el panorama– se convirtió en imagen de postal; además de ser testigos del crecimiento económico, las torres se volvieron el rostro más reconocible de ciudades de otro modo genéricas como Seattle, Cleveland, Portland o Denver. Las megalópolis del mundo en desarrollo copiaron el modelo: en los años noventa, las grandes construcciones se trasladaron a Oriente. Con la inauguración de las Torres Petronas en Kuala Lumpur, que en 1992 se convirtieron en las más altas del planeta, la fiebre de los rascacielos dejó de ser competencia americana y se convirtió, de pronto, en pandemia asiática hoy, de los diez edificios más altos del planeta, nueve están en Asia.

En el caso mexicano, la historia de los rascacielos que persiguen la comunicación de ideales comerciales comienza en 1956 con la inauguración de la Torre Latinoamericana, propiedad de la empresa La Latinoamericana, Seguros de Vida, S.A. Sus dueños entendían al edificio como un símbolo reconocible y asociado a su empresa. Se trató de hacer un edificio que después pudiera repetir en unas maquetitas para hacer ceniceros, comentó al respecto el arquitecto Augusto H. Álvarez. Luego de esa torre de 43 niveles y 182 metros de altura, una serie de rascacielos Torre Insignia 1962, Hotel de México 1972, Torre de Pemex 1982 darían continuidad a un programa constructivo cuyo objetivo primordial sería la concentración: de espacio, de poder o de dinero.

Publicado en 15/02/2019 Interiorismo, Decoración, Mármoles, Novedades de Arquitectura 0 145

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